Quesos, naturales y posible

Tres ingredientes se necesitan: leche, cuajo y sal. Pocos componentes que derivan en las más deliciosas sensaciones; y aunque en el mundo existen más de 2 mil tipos de quesos de diferentes formas, color y sabores, Slow Cheese 2019 dejó claro que lo natural es posible.

Durante los días 20 y 23 de septiembre, la ciudad italiana de Bra acogió uno de los eventos internacionales más importantes del Movimiento Slow Food donde se celebran los mejores quesos de leche cruda del mundo, con la peculiaridad de ser muy naturales en su producción.

Este año, estuvimos bien representados con tres integrantes de la comunidad Finca Vista Hermosa: Melissa Relova, Aniel Sotolongo y Damarys Relova. Con Damarys conversamos para conocer todos los detalles, de su experiencia y de los saberes ganados en esas jornadas.

Ella nos comentó que habían más de 300 stands de productores de quesos de todo el mundo, lo que permitió un afable diálogo e intercambio entre los participantes sobre la producción de los diferentes tipos. “Slow Food promueve la producción de quesos de leche cruda a los pequeños productores, que los quesos sean distintivos de las regiones donde se producen, que tengan sabores autóctonos y que sean producidos con ingredientes naturales sin aditivos químicos, para hacer de la producción y el consumo una práctica sana tanto para el hombre como para nuestro medio ambiente”, resaltó Relova.

“Pudimos conocer también la gran gama de formatos y variantes de quesos que existen. Aunque la mayoría de los productores producen quesos con el tradicional cuajo de origen animal, hay un importante número que exploran y producen nuevos cuajos de origen vegetal. Esta es una alternativa de la que pueden disponer las personas vegetarianas para el consumo de este delicioso producto”.

Durante Slow Cheese 2019, nuestros tres amigos participaron en diferentes conferencias técnicas donde pudieron esclarecer algunos aspectos de los procedimientos en la producción de los quesos propios. “Los conocimientos adquiridos permitirán aumentar la calidad de nuestros quesos y cumplir con los estándares nacionales e internacionales”.

Además, nos cuenta Damarys que crearon un grupo de WhatsApp entre los delegados de América Latina -la coordinadora de este grupo es precisamente Melissa Relova, la integrante más joven del mismo-. “De esta manera podremos intercambiar dudas, vivencias e informaciones para mejorar cada día la calidad de los quesos latinoamericanos bajo la filosofía de Slow Food de lo bueno, limpio y justo”, afirmó.

Damarys Relova resaltó el lugar tan significativo que tiene Cuba dentro del movimiento Slow Food a nivel regional. “A diferencia del resto de los países de Latinoamérica y el Caribe, actualmente estamos insertados en varios de los escenarios mediante los cuales Slow Food promueve su filosofía como son los Mercados de la Tierra, las experiencias Slow airBNB, la participación en los eventos de Slow Cheese y Tierra Madre, entre otros”.

Uno de los eventos paralelos propició el intercambio entre los diferentes productores de América y el Caribe con expertos internacionales en la industria del queso, miembros de Slow Food. En este encuentro cada uno de los productores presentó sus quesos y los especialistas dieron su valoración sobre los mismos.

“La comunidad Finca Vista Hermosa presentó dos tipos de los quesos Nabacoa que se producen a partir de leche cruda de cabra, uno tipo ricotta y otro queso duro. Ambos tuvieron muy buena aceptación y crítica. El queso Nabacoa de cabra tipo Ricotta fue el que más se destacó por sus cualidades organolépticas, pues además de su cremosidad, su sabor representaba muy bien su lugar de origen”, aseveró la entrevistada con mucho orgullo.

Formas, colores y sabores, todo aliñado con infinidad de actividades potenciaron la diversidad de los quesos artesanales que provienen del territorio, de los pastos, de la leche cruda, de las razas, de los conocimientos de los pastores y los queseros. SlowFood se ha comprometido a salvar esta realidad, que corre el riesgo de desaparecer bajo la presión de la industria, el mercado y las normas de salud e higiene que a menudo no tienen en cuenta las especificidades y necesidades de los pequeños productores.

Por: Rachell Cowan Canino

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